Cuando nuestros padres o mayores comienzan a mostrar tristeza continuamente, irritabilidad de forma inesperada u olvidos frecuentes, es muy fácil atribuirlo únicamente al “pasar de los años”. Pero, aunque el envejecimiento conlleva cambios, estos síntomas pueden estar señalando algo más que solo la edad.
Reconocer cuándo es momento de observar con atención y actuar puede marcar una gran diferencia en el bienestar de las personas mayores. Este artículo aborda algunas de las principales enfermedades que pueden provocar estos síntomas —y que muchas veces pasan desapercibidas—, para que las familias sepan qué observar, cuándo consultar y cómo acompañar mejor.

Tristeza y decaimiento: más allá de la depresión
La tristeza no es necesariamente un signo de “hacerse mayor”, pero si empieza a ser frecuente, es necesario prestar atención a este estado de ánimo.
- Depresión en las personas mayores. No se trata simplemente de pasar por un “bajón” puntual. La depresión en las personas mayores tiene un impacto profundo, no solo en el estado de ánimo, sino también en su salud cognitiva. Diversos estudios han mostrado que los síntomas depresivos a esta edad pueden estar directamente relacionados con un mayor riesgo de deterioro cognitivo a lo largo del tiempo.
- Trastornos de la tiroides: Un ejemplo claro es el hipotiroidismo, que en personas mayores puede manifestarse como tristeza, fatiga, olvidos y cambios en la memoria. Las guías recomiendan que en los mayores que presentan deterioro cognitivo se estudie la tiroides, ya que el diagnóstico erróneo como demencia es frecuente.
- Enfermedades crónicas: Condiciones como la diabetes, la insuficiencia cardiaca o las enfermedades reumáticas crónicas no solo afectan al organismo, sino también al ánimo, la energía y la motivación. Todo esto puede llevar a una tristeza profunda que no siempre se identifica correctamente.
Irritabilidad y cambios de carácter repentinos
No es raro que al cuidar a un mayor percibamos cambios de carácter: alguien que siempre fue tranquilo se irrita con facilidad, o que empieza a quejarse o “dar guerra” sin motivo aparente. Estas señales también merecen nuestra atención:
- Deterioro cognitivo incipiente o demencia: En fases iniciales, pueden aparecer conductas como agitación, irritabilidad o alteraciones en el estado emocional que antes no existían.
- Dolor crónico o mal controlado: El dolor que no se comunica bien puede manifestarse como ira, impaciencia o cambios de humor constantes.
- Trastornos del sueño o efectos secundarios de medicación: Las alteraciones del sueño o ciertos fármacos anticolinérgicos u hormonales pueden provocar irritabilidad, confusión o mayor susceptibilidad emocional.
Olvidos frecuentes: ¿hasta qué punto son normales?
Olvidar algunas cosas de vez en cuando puede ser normal con la edad, pero cuando estos olvidos se vuelven más frecuentes o empiezan a afectar la rutina diaria, es momento de prestar atención y consultar con un profesional.
- Olvido por la edad: Fallos puntuales, por ejemplo, olvidar dónde dejamos las llaves, pero recordarlo luego, sin alterar la vida diaria.
- Olvidos patológicos: Repetición constante de preguntas, desorientación, incapacidad para seguir una conversación o gestionar una rutina. Estos pueden estar vinculados a enfermedades como la demencia o ser consecuencia de otras afecciones.
- El estrés, las emociones y la memoria: Un estado emocional alterado —tristeza, ansiedad, soledad— puede afectar la atención, el procesamiento de información y terminar en olvido o dificultad para recordar.
Cuerpo y mente: cuando el malestar físico también afecta lo emocional
Es importante entender que muchas veces no se trata de una sola enfermedad, sino de una serie de factores que afectan tanto al cuerpo como a la mente:
- Impacto emocional de enfermedades físicas: Saber que tienes una enfermedad crónica, ver limitado tu cuerpo o depender de otros puede generar tristeza, ansiedad y cambios en la conducta que se reflejan también en la memoria.
- Soledad, duelo y aislamiento social: Además de lo físico, la pérdida de roles, compañeros o el entorno social favorece la aparición de estos síntomas. Y esta soledad emocional está muy relacionada con cambios en el estado de ánimo y cognitivos.
- Interacción de múltiples factores: Por ejemplo, una persona mayor con diabetes, mal sueño, dolor y poco movimiento está en condiciones mucho más vulnerables para presentar irritabilidad, olvido y tristeza que otra sin esas circunstancias.
Cuándo consultar: señales que no debemos ignorar
Como profesionales, animamos a las familias a estar atentas a determinados signos que indican que es momento de buscar ayuda:
- Cambios de ánimo continuos, irritabilidad y aislamiento.
- Olvidos más frecuentes, desorientación o incapacidad para realizar tareas cotidianas que antes hacía solo.
- Combinación de síntomas físicos (como dolor o fatiga) y emocionales (tristeza, poca motivación).
- Estado de ánimo que no mejora o empeora con el tiempo pese a acompañamiento familiar.
- Algún episodio de confusión inusual, caída o situación de riesgo que antes no existía.
Cuando ocurra alguna de estas situaciones, es recomendable acudir tanto a un profesional médico como a un psicólogo para una evaluación integral, que contemple salud física, emocional y cognitiva.

En definitiva, no basta con decir “es cosa de la edad”. Cuando detectamos que esos estados de tristeza, irritabilidad u olvidos interfieren en la vida diaria, estamos frente a señales que merecen atención. Como psicóloga especializada en personas mayores, he visto cómo un diagnóstico a tiempo, un acompañamiento emocional adecuado y un entorno de comprensión pueden marcar la diferencia.
Si eres familiar o cuidador y estás preocupado por alguno de estos síntomas en tu ser querido mayor, no dudes en actuar. La intervención temprana no solo mejora la calidad de vida del mayor, sino también la de quienes le rodean. ¿Necesitas acompañamiento profesional? En Memoriae estamos preparados para ayudarte a ti y a tu familiar mayor en este proceso.





